Entre todos los consejos que el antiguo soldado Clint Emerson proporciona en su libro se encuentra el de regular el agua para despedirnos de la ducha con un chorro más frío.

 

“En un mundo cada vez más peligroso, las amenazas para tu seguridad personal se encuentran en todas partes. Desde actos de terrorismo hasta tiroteos masivos, y a partir de la desconocida matriz (a veces virtual) del crimen diario, el peligro está confinado a los pasillos oscuros o las regiones inestables. Circunstancias que potencialmente amenazan tu vida pueden surgir en cualquier parte. No somos nosotros ni una empresa de seguridad personal quien dice esto, sino la contraportada de ‘100 Deadly Skills’, un manual reconvertido a ‘best seller’ en el que el antiguo Navy SEAL Clint Emerson muestra al lector 100 habilidades de las que debe disponer para desenvolverse en este violento entorno moderno.

Entre todos los aprendizajes cotidianos que nos enseña el cachas militar se encuentra una de las grandes preguntas de la historia de la humanidad: ¿cómo debemos ducharnos? En concreto, ¿qué es preferible, agua caliente o fría para rematar la faena? La respuesta de Emerson es simple y clara. Tenemos que terminar con agua helada, sin ninguna duda, sobre todo si nos encontramos en una situación límite. “El agua fría te despertará y te mantendrá alerta”.

Aquellos que se ducharon con agua fría cogieron un 29% menos de días de baja, pero no porque estuviesen menos enfermos.

El lector que no esté pensando en alistarse al ejército o en participar en una campaña militar en la jungla de Vietnam también debe saber que, en opinión del bueno de Emerson, es una costumbre que tiene “más beneficios para la salud que ninguna otra cosa”. De ahí que forme parte esencial tanto del entrenamiento de los marines americanos como de los atletas de élite, ya que en su opinión acelera la recuperación del organismo: “Vaso constriñe todo el cuerpo y provoca que nos deshagamos de todo el ácido láctico para que te sientas bien el siguiente día y estés listo para el entrenamiento del día suguiente”, explica.

En boca del antiguo oficial del ejército, parece que este helado toque final es la panacea. “Aunque parezca una tortura, es una terapia que te mantiene saludable, reduce la inflamación de tus articulaciones, vaso constriñe [le encanta la palabra] todo tu cuerpo y te permite seguir adelante, probablemente sin ninguna lesión”, explica. En algunos campos de entrenamiento, las duchas frías a horas extemporáneas son una manera de poner a prueba la resistencia física y moral del soldado. Es, también, una de las expresiones más icónicas de la disciplina militar. Pero ¿sirve para algo?

Entre el cielo y el infierno

¿Cuánto hay de cierto en esta mitificación de las duchas heladas, y cuánto de leyenda mantenida a lo largo de los siglos? Una investigación publicada en 2016 en ‘PLOS One’ daba, hasta cierto punto, la razón a los defensores de los jarros de agua fría a primera hora de mañana. Después de analizar lo que ocurría con 3.000 participantes que habían tomado duchas calientes que concluían con un toque de agua fría, llegaron a la conclusión de que estos cogían un 29% menos de días de baja por enfermedad.

Los participantes que se duchaban con agua fría solían mostrar mayores niveles de energía.

Sin embargo, y aquí viene lo sorprendente del caso, no es que se pusiesen menos enfermos, sino que solían acudir al trabajo con mayor frecuencia incluso cuando se sentían malos. ¿Por qué? Los investigadores sugerían que podía deberse a que estaban más acostumbrados a experimentar una sensación de malestar corporal. Además, los participantes que se daban una ducha fría solían mostrar mayores niveles de energía en su día a día (muchos de ellos lo comparaban con el consumo de cafeína). Entre los contras, se encuentra una sensación persistente de frío en el cuerpo, en las manos o entre los pies, algo que manifestaba el 13% de los participantes. La enfermedad más común entre todos ellos era la gripe.

“El agua fría ha sido utilizada con fines terapéuticos durante siglos y continúa siendo así, ahora empleando tecnología moderna”, recuerdan los autores, de la Universidad de Ámsterdam. Hipócrates, el padre de la medicina, que añadió las friegas a los baños fríos, estaba acostumbrado a utilizar el agua congelada para tratar las enfermedades más serias”. No solo eso, sino que en los últimos años se han vuelto a poner de moda estas duchas heladas, recuerdan los autores. Estos señalan a Wim Hof, el “Hombre de Hielo”, como la persona que ha popularizado esta tendencia, que se mezcla con la respiración consciente y la concentración para alumbrar una especie de misticismo de la resistencia física extrema.

Lo que los autores tienen claro es que no hay nada seguro sobre el mecanismo que hace que las duchas frías nos sienten tan bien. Sin embargo, señalan que más allá de los distintos procesos físicos hay una posible explicación alternativa: que, por lo general, esta práctica se encuentra relacionada íntimamente con el ejercicio físico. Eso explicaría, por ejemplo, por qué bañarse con agua congelada causa unos efectos similares a los del deporte (29 frente a un 35%). Hay una última explicación, y es que la hipótesis de que ‘las duchas frías reducen la enfermedad y mejoran la salud’ puede tener un efecto placebo, lo que haría que incluso las personas que se sienten enfermas acudan al trabajo porque consideran que no están tan mal. El que no se consuela es porque no quiere.