La Axarquia

La Comarca de la Axarquía, una de las más tradicionales de Andalucía con 1025 kilómetros cuadrados, se encuentra al este de la provincia de Málaga, limitando al norte y noreste con el Poniente granadino y al este la Costa Tropical. Territorio de pasado árabe, como lo refleja su nombre que proviene del árabe charkiya, que significa “levante”, de hecho en los siglos XVI y XVIII ya aparecía en documentos cartográficos como una circunscripción islámica. Su identidad natural es la razón principal para esta delimitación, situada entre el mar y la Sierra de Alhama.

La capital de la Comarca es Vélez-Málaga, debido fundamentalmente al peso de su población. Siguiendo este orden la Axarquía esta formada, además, por los siguientes municipios: Nerja, Torrox, Algarrobo, Periana, Colmenar, Comares, Cómpeta, Benamocarra, Riogordo, Frigiliana, Canillas de Aceituno, Almáchar, Alcaucín, Benamargosa, Alfarnate, Comares, Viñuela, Sayalonga, Arenas, Moclinejo, El Borge, Iznate, Canillas de Albaida, Cútar, Sedella, Alfarnatejo, Macharaviaya, Árchez y Salares.

Si hay algo destacable en la Comarca axárquica es el predominio del mar y la montaña, hasta el punto de que  su diversidad ambiental da lugar a una gran variedad paisajística que cuenta con las bondades climáticas del litoral y con los extremos propios de los paisajes serranos, con picos como La Maroma (2.080 m), el mayor de la provincia de Málaga, Vilo (1.412 m), Gallo (1.356 m), Chamizo (1.637 m), el Morrón de la Cuña (1.222 m), entre otros.

Las Sierras de Tejeda, Almijara, y Alhama marcan el límite superior y en sus laderas se van repartiendo los distintos pueblos de la comarca hasta llegar al litoral. Estas tierras están surcadas por el río Vélez, tributario de buena parte de los arroyos, y otros cauces menores vierten directamente al mar después de un corto recorrido. El único embalse de la comarca es el de La Viñuela, el más grande de la provincia de Málaga, ubicado en el municipio del mismo nombre, y que es la presa del Río Guaro, afluente del río de Vélez.

La vegetación es también variada y componente de la diversidad paisajística; así, tenemos rebollos y durillos en las zonas más altas y umbrías, pasando por especies características mediterráneas, como son las encinas, algarrobos, acebuches, romeros y tomillos en las tierras medias.

El paso del hombre por este territorio viene desde la Prehistoria, como se puede ver, principalmente, en la Cueva de Nerja tanto por su grandeza como por sus pinturas rupestres. También dejaron su impronta fenicios, cartagineses, griegos, romanos y árabes. De la época medieval se mantienen numerosos monumentos, contando incluso con una ruta mudéjar, donde podemos encontrar desde aljibes, hasta la fortaleza de Bentomiz, antiguo alcázar. En el siglo XVI la Comarca pasa a manos cristianas, siendo de esa época buena parte de las iglesias, también con representaciones mudéjares, como la de Santa Catalina.

La belleza de la Comarca también se presenta en el paisaje rural y, sobre todo el urbano, con pueblos enjabelgados, calles estrechas, retorcidas, pequeñas plazas y adarves; con una diversidad de monumentos, alcazabas, castillos como el de Zalía, murallas y puertas como las de Antequera y Real de la Villa en Vélez-Málaga, restos de mezquitas y alminares como el de Árchez, iglesias mudéjares y artesonados. En la costa, la Axarquía es paisaje de acantilados y calas, de frontiles y torres vigías, de playas y huertas, de tradición y turismo. Uno de los lugares más interesantes son los acantilados de Maro-Cerro Gordo.

La economía axárquica es fundamentalmente agraria, con una escasa mecanización, manteniéndose actividades tradicionales como el cultivo de la pasa. También tiene especial importancia el olivar, cuya explotación resulta poco competitiva por el carácter rústico de su producción, aunque tiene unos altos niveles de calidad. Últimamente se han introducido nuevas técnicas de invernadero que contrastan con iniciativas agro-ecológicas que se basan en el carácter menos desarrollado de la agricultura. Ese contraste se traduce en la producción de productos tropicales, como aguacates y kiwis, pero también de hortalizas comunes en nuestro mercado, que están unidas a un importante sector agroindustrial.

GEOGRAFÍA

La Axarquía ocupa todo el territorio provincial situado al este de la capital malagueña, lindando al norte y oeste con la provincia de Granada, a través de una cadena montañosa del Sistema Bético (Sierras de Tejeda y Almijara) y Sub-bético (Sierras de Alhama, Jobo y Camarolos) y al sur su límite es el Mar de Alborán (Mediterráneo).

En este enclave, la Sierra de Almijara hunde sus últimas estribaciones al sur en el mar Mediterráneo dando origen a los espectaculares acantilados de Maro-Cerro Gordo.

Recónditas calas casi vírgenes y la transparencia de sus aguas confieren a este paraje una belleza singular. La orografía de la Axarquía presenta una gran extensión de suaves lomas que, a lo largo de la historia, han sido utilizadas para el cultivo de olivos, higueras, almendros y viñedos.

En la reserva nacional de caza de El Alcazar existen unas zonas recreativas habilitadas para la práctica del turismo activo y de naturaleza. En este lugar se puede observar, ocasionalmente, la diversa fauna del lugar, como la cabra montés, el águila, el buitre leonado y el halcón peregrino.

LA COCINA DE LA AXARQUÍA

La Axarquía

Tierra intensa de almendros, olivos, vides y aguacates. También de mieles, chivos y corderos. De aroma a hinojo y a romero; de campo, de monte y de mar.

Andaluza y mora. Sencilla, campesina y moderna a la vez. Orgullosa y fértil, la Axarquía es fuente inagotable de buenas sensaciones, como las que inspiran esta sección, homenaje a la rica gastronomía que emana de su tierra y de su gente.

Cada receta ha sido elegida y elaborada con el objetivo de llevar a tu casa una pizca de la Comarca y de hacerte evocar la experiencia emocional que sólo se encuentra en la Axarquía: sus pueblos, sus fiestas, su hospitalidad y sus tradiciones se acercan a ti en esta selección de platos que no pretende ser exhaustiva ni única, pero sí representativa de las sensaciones que provoca nuestra tierra.

Visitando platos, ingredientes, tradición y modernidad, iremos desgranando algunas claves para conocer la Axarquía a través de sus fiestas gastronómicas: unas declaradas de interés turístico, otras más sencillas y humildes, pero todas ellas vivas y auténticas: la uva, el aceite, la almendra, el melocotón, el níspero, el aguacate, la miel, de caña o de abeja en sus mil variedades, el pescado, el chivo, el cordero, el cerdo, las legumbres, las especias, el vino. No puedes fallar: prepara estas recetas, y ven a probarlas a la Axarquía.

Recetas de Entrantes.

Recetas de Platos Principales.

Recetas de Postres y Repostería.

PATRIMONIO HISTORICO-ARTISTICO.

Patrimonio Histórico es el  conjunto de elementos materiales e inmateriales que testimonian la presencia del hombre en un territorio. Por él conocemos los modos de vida, la adaptación al medio, las creencias, los gustos, las relaciones con otros grupos, el aislamiento padecido…. Es, en definitiva, una fuente de primer orden para el conocimiento de nuestra cultura, para entender mejor qué somos o el porqué de nuestro presente, y es también el legado cultural recibido de nuestros antecesores que es necesario conocer y preservar, en las mejores condiciones posibles, para transmitirlo a las generaciones venideras.

A la hora de abordar este trabajo nos encontramos con un legado histórico artístico que comprende hitos fundamentales del patrimonio arqueológico y monumental de la provincia, y elementos menores de un patrimonio local con unos rasgos comunes, que dan cohesión y singularidad como comarca al vasto territorio geográfico de la Axarquía.

Distintos factores históricos han influido en la pérdida de numerosos elementos del Patrimonio de la comarca de la Axarquía, pero también es mucho lo que se ha conservado hasta hoy, conocerlo y protegerlo es nuestra obligación como ciudadanos.

El cambio en las formas de vida del hombre ha supuesto que se vayan renovando sus lugares de hábitat, dejando abandonadas cuevas o poblados cuya fortuita conservación nos permite conocer sus modos de vida.

Con la conquista cristiana, a fines del siglo XV, desaparecen las mezquitas, aunque afortunadamente se reutilizarán algunos de sus alminares como campanarios de las nuevas iglesias. También fueron reforzadas y reparadas muchas de las fortalezas musulmanas, que seguían siendo necesarias, tanto para el sometimiento de la población mudéjar, como en la prevención de invasiones y ataques piráticos del norte de África, preocupación por la defensa de la costa, que será una constante a lo largo de la historia. A las primitivas torres romanas, le sucederán en época medieval las islámicas, y en época moderna las cristianas, que irán evolucionando en sus formas a la par que se desarrollaba la artillería.

Los mudéjares verán muy pronto como se incumplen los acuerdos pactados en las capitulaciones. En 1501 se decreta su bautismo obligatorio, convirtiéndolos en moriscos, y en 1511 se les prohíbe hablar en su lengua y se suprime el régimen de herencias. Finalmente, la imposición de un tributo extraordinario para el mantenimiento de las defensas costeras será la chispa que produzca la rebelión de 1567, una de cuyas consecuencias será la pérdida de algunos artesonados   y elementos muebles de las iglesias. En la comarca, el punto álgido de la rebelión será la Batalla del Peñón de Frigiliana en la que fueron derrotados. En 1609 se decreta la expulsión definitiva de los moriscos, pasando sus casas y terrenos a manos de sus señores, con pena de muerte en caso de quema o destrucción antes de la transferencia.

Con la invasión napoleónica, a comienzos del siglo XIX, los castillos fueron utilizados militarmente, sufriendo las consecuencias de la guerra, bien por los bombardeos ingleses, caso de Nerja, o dinamitados por los propios franceses en su retirada, como en Torrox y Vélez-Málaga. Además se producirá un importante saqueo de obras de arte, que serán unas veces vendidas para recaudar fondos y otras llevadas a Francia, pasando a formar parte de colecciones públicas o privadas.

Años después ante la profunda crisis económica que padecía el país, se producirá la Desamortización, con los ministros Mendizábal, (1835 a 1843) y Madoz, (1855), que regularán mediante decreto la supresión y venta de las propiedades de conventos, clero, cofradías, santuarios, bienes comunales… La gran beneficiada será la burguesía urbana y la oligarquía rural, que se hará con buena parte del patrimonio de la iglesia. Conventos, como el de Colmenar o el de los Capuchinos de Vélez desaparecerán para siempre y otros, como San José de la Soledad de Vélez, serán casi destruidos, siendo vendidas a particulares o a manos extranjeras muchas obras de arte, que se perdieron irremisiblemente.

A los fenómenos políticos se unen las catástrofes naturales. En la noche del día de Navidad de 1884 un violento terremoto, producirá cuantiosos daños. Las iglesias  de Alfarnatejo y Canillas o el Castillo del Marqués, entre otros, quedarían muy afectados, teniendo que ser restaurados. Peor suerte corrió la iglesia de Periana, o la ermita de San Roque de Torrox, completamente destruidas. La catástrofe fue de tal magnitud, que el rey Alfonso XII visitó personalmente la comarca, al tiempo que se recibieron ayudas económicas de toda España y del extranjero. En la reconstrucción de las parroquias destaca la labor del arquitecto diocesano Manuel Rivera Valentín, tanto en las reparaciones, como erigiendo nuevos edificios.

Desde comienzos del siglo XX, el anticlericalismo era cada vez más acusado en España, en parte motivado por el excesivo acercamiento de la jerarquía eclesiástica a los sectores monárquicos y conservadores. En este ambiente se produjeron los sucesos de mayo de 1931 y luego el estallido de la Guerra Civil, siendo asaltadas y quemadas muchas de las parroquias y sus principales bienes muebles, ante la pasividad casi absoluta de las autoridades de la época. Archivos, pinturas, esculturas, retablos y piezas de orfebrería se perdieron para siempre, además de los considerables daños que sufrieron los edificios. Tras el conflicto bélico se iniciará la recuperación, con la adquisición de nuevo patrimonio mueble y la reparación de las iglesias, cuyas obras de rehabilitación fueron dirigidas por el arquitecto Enrique Atencia.

En el último cuarto del siglo XX, el despertar del turismo y la consiguiente revalorización del suelo, junto a la falta de concienciación sobre la conservación del patrimonio y, en ocasiones, la inhibición y falta de diligencia de las autoridades competentes, serán factores muy negativos para la protección del patrimonio arqueológico, destruyéndose total o parcialmente algunos yacimientos.

Todos estos acontecimientos no han impedido que la comarca de la Axarquía cuente en la actualidad con un rico patrimonio histórico, producto de los distintos momentos históricos.

Las cuevas de Rincón de la Victoria y la cueva de Nerja, elementos claves de la prehistoria malagueña, tienen su continuidad en el tiempo a la luz nuevos hallazgos, como el dolmen de Totalán, con el que se abre una nueva vía de investigación sobre las corrientes de influencia del megalitismo.

Los yacimientos fenicios de Vélez y Algarrobo, fundamentales para el conocimiento de la colonización fenicia han aportado, además de importantes estructuras que nos hablan de la vida y la muerte de ese pueblo, magnificas piezas de su cultura material que hoy forman parte de una de las colecciones más valiosas del Museo de Málaga, donde también se encuentran los mosaicos de la villa romana del Faro de Torrox que, junto a la de la Loma de Benagalbón, nos hablan de la importancia de estas unidades de producción, en la economía de la antigua Roma.

La época islámica quedará reflejada en impresionantes fortalezas como Comares, Bentomiz, Zalia y Vélez-Málaga, o en elementos tan singulares como los alminares de las antiguas mezquitas, nunca mejor representa- dos en número y calidad que en las pequeñas localidades de la comarca.

Con la conquista cristiana, y la pervivencia de la antigua población islámica, llegará una de las expresiones artísticas representativas por antonomasia de la Axarquía: el gótico-mudéjar, tan significativo en las pequeñas iglesias de una nave, como en las grandes construcciones conventuales y parroquiales.

Las reformas y elementos del clasicismo se irán abriendo paso con el avance del siglo XVI, conviviendo con los elementos de tradición mudéjar. Más tarde templos y camarines de exuberante decoración barroca, como el de la Piedad en Vélez-Málaga o el de El Nazareno de Riogordo, serán sucedidos por la sobriedad del Neoclásico que vendrá a aplicar sus principios en la redecoración de la iglesia de San Juan de Vélez Málaga.

Pero también se encuentran bellos ejemplos de arquitectura doméstica y civil de los siglos XVIII y XIX, y significativos edificios de una arquitectura utilitaria destinada al uso público como el Mercado de Vélez, que viene a enlazar ya casi en nuestros días, con elementos representativos del movimiento moderno, en este caso aplicados a la arquitectura del ocio, como el Club Náutico de Torre del Mar.

Mucho se ha de recorrer aún en la investigación, restauración y conservación de este extenso patrimonio histórico, pero no es menos cierto que ha crecido considerablemente la preocupación ciudadana e institucional hacia el mismo. Las restauraciones y puesta en valor de monumentos y yacimientos, la creación de museos y de centros de interpretación, vienen a demostrar un aumento de la concienciación sobre su valor, y sus posibilidades de explotación hacia el turismo cultural, en el marco de una economía sostenible.

También ha aumentado considerablemente la utilización del patrimonio como recurso didáctico entre el profesorado y los centros educativos, cuyos alumnos son hoy sus visitantes más numerosos. En ambos sentidos, nuestro trabajo pretende ser una pieza más en la mejora de la necesaria difusión de este patrimonio, siendo concebido tanto hacia el público en general como para el educativo.

Siguiendo estos objetivos hemos estructurado nuestro estudio por localidades, pensando en un acercamiento progresivo al bien cultural, que parte del entorno más cercano. Esta ordenación, próxima al catálogo o inventario, se inicia en cada localidad con una breve sinopsis, a modo introductorio, sobre su historia y patrimonio, para desarrollar los principales elementos que lo constituyen, ordenados por yacimientos arqueológicos, la defensa, el patrimonio civil, el patrimonio religioso y los museos.